viernes, 9 de febrero de 2018

Los tacos y los entes



Me siento realmente feliz de volver a escribir, y es que cuando tengo pendientes declaro mi absoluta ñoñez a sacarlos antes de mi hobby favorito que es hablar en gráfico. La encuesta ha sido tan cerrada que he decidido hacer una fusión entre mis preferencias en tacos y preferencias en chicos, y claro, mis rechazos totales en tacos y en chicos. Debo decir que no son proporcionales ni tampoco se corresponden, así que ahí les va mi clasificación taquifílica junto con semi romántica.

ADVERTENCIA

Si algún ente se siente ofendido por la similitud que tiene con un taco, debo decir que es absurdo, un taco siempre es bienvenido.

1) El taco de cabeza o el chico intelectual

El taco de cabeza puede ser muy pesado por su alto contenido en grasa. La grasa, como sabemos, es energía potencial. Cuando elegimos a un chico intelectual se implica que hay temas de conversación exhaustos. ¿Está tu estómago para la grasa perpetua? Es una interesante pregunta. Sabes que va a durar aún en época flacas, eso es bueno. Quizá lo terrible sea que se acumula la grasa. No esperes que un taco de cabeza salga contigo a correr al cerro Macuiltépetl, sería demasiado. Si tienes paciencia es posible que lo logres. También pienso (con base en experiencia) que sea un ser aburrido a las tres horas de hablar de algo. Recuerdo que tuve un novio que a mi madre y a mí nos dormía en la sobremesa. ¿Acaso las cosas simples no tienen espacio? Amo la cabeza de los entes, de hecho soy una fan, pero hay límites sebáceos. ¿Qué tal hablar de… no sé, el pan de La hogaza, ése de Chedraui, el simple, la micha, el bísquet simple. La antipoesía. El sándwich para el Papa. Aquí se corre el riesgo de sentirse indefensa, que bien puede ser una ventaja, ¡aprendes! Pero una relación de cabeza puede decaer en la falta de pasión. Adoro la pasión, adoro la palabra y el cuerpo, la maciza, pues. No contemplo que algo pueda ser más poderoso, pero bueno, lo asadito y bien condimentado no cae nada mal.

2) El taco al pastor

Adorado aquel que con su brutalidad llega a ser atractivo. Lo que me encanta del taco al pastor es que es a la brasa, ¿qué significa esto? Que la grasa se escurre y queda la carne, mejor si es doradita. A veces se cuela la grasita que no deja de ser hermosa. Si le añades de esa salsa color vino, con ese sabor a comino ¡dios! Debo admitir que son mis preferidos. Nada de que “puede dorar la carne en la plancha” ¡No!, eso es artificial. La carne al pastor debe ser natural, del trompo a la boca. Sabroso desde que la tocas. Recuerdo que desde chiquilla me mandaban a los tacos de Clavijero, chiquitos, humildes (deben ser así, si no, no cumplen). La humildad del taco es esencial,  no hay nada peor que un taco con mucha carne que le robe a todos los ingredientes su importancia (odio los videos del exceso: tacos gigantes, jochos gigantes, pizzas de taco, postres extra chocolatosos). No, todo es más simple ¿pueden extraer la maravilla del ente-taco sin más nada? ¡Encuentren su taco al pastor!

3) El taco de cochinita pibil

Lo que amo del taco de cochinita es que está bañado en su pibil, su caldito, que entre más concentrado, mejor. Tengo un lugar preferido, que por cierto ha bajado su calidad en Xalapa y ha hecho casi un chilatole en vez de algo denso, sabroso. Lo delicioso es que se mezcla con habanero, imaginen: denso y picante. Denso de sabor, picante que te den ganas de comer más. Yo tengo la costumbre de tomar Orange crush, si no, no sabe. Pedir una cuchara para el caldito, porque después de la carne se quiere una quedar con el sabor, es como tener una marca de que estuvo el ente en cuestión en tu alma o lo que sea, jajajaja. ¡y hay pambazos ahogados de cochinita! ¡Dios!

4) El taco de bisteck

¡No! Es más cebolla que carne. Es el ente que uta, parece lo máximo pero te decepciona. Menos carne que cualquier cosa ¡más cebolla, más lágrima que proteína! No, no… No lo recomiendo. Para eso, mejor ustedes cómprense bisteces de res o cerdo (acepto que me gusta más el cerdo) y háganselos al gusto con su salsa de chile de árbol. En los puestos callejeros la verdad, los hacen con 80% cebolla y 20% carne, pero eso sí, te los venden como si fueran la octava maravilla. Cuidado con esos hombres, desde ya les digo que no valen la pena. Son tacos inmaduros, apócrifos, nefastos.

5) El taco de tripa o mollejita

Entre más dorado, mejor. ¿Qué implica que sea más dorado? ¡Menos grasa! Me gustan esos, sí, son las vísceras, pero dentro de lo que otros dejan, queda el sabor. Debo admitir que es complicado hallar unos buenos. La tripa debe estar limpia, sin cuerito, dorada.  No es fácil hallarlos, pero se puede.

6)El taco de maciza

Bueno, son fáciles de hallar, son sangrones porque saben que es puro músculo. Se sabe que puede resultar sabroso, mordible, tocable, casi como de despedida de soltera. No esperes más. No hay grasa de actividad dendrítica. No esperes hablar de cosas profundas, son para pasar el rato. Aquí depende lo que te guste. No digo que sean malos, de hecho son de mis órdenes favoritas porque sabes a qué vas. ¿Quieres carne? Ahí la tienes, no esperes otra cosa. Debo decir que hace unos días pedí unos de maciza y tenían mucho cuerito y todos los dejé en el plato. ¡No señor, no me tome el pelo!

7) El campechano

Sé que la onda es que sea de bistec con longaniza, pero la verdad no soporto la longaniza, jajajaja. De hecho mi estómago no soporta ni la longaniza, ni el peperoni (en su acepción mexicana que viene a ser como el queso de puerco en redondo), ni el chorizo (lo siento para los albureros). Lo más importante son las papas y los nopales. No son lo mío, es como la hipocresía. O quieres carne o quieres lo que supone ser carne con cabeza. El campechano viene  a ser como la solución a dos por uno. Lo que viene a perder, al final, es la longaniza, jajajaja.

8) El de lengua

No muchos le entran, es carnosa, pero no deja de ser de lengua. Muy apto para quienes la usan de manera magistral, no es lo mío. En casa la prepara mi madre y es un éxito, pero no me acaba de convencer. Mucho bla bla, nada de otra cosa. Pero bueno, si le añades otras cosas, puede resultar interesante ¿no?

9) De ojo, de cachete

Muy específicos, nos habla de un paladar muy exquisito. Difíciles de hallar en el puesto, pero de repente tienen esa oferta. ¿Cachete? Jejeje, carnita específica, y con esa salsa verde con habanero ¡ay!

10) Suadero

Mmm, aquí tengo emociones encontradas, carne con mucha cebolla. Es como el de bistec, pura pantalla. Cuadritos mínimos de carne por 50% de cebolla, ¿qué da la cebolla?, sabor. Puede funcionar, pero no es lo máximo. Gustos temporales. Para un rato, están buenos.


Acepto que me faltan. En las pocas variedades que domino, es lo que sé. ¿Cuál es mejor?, no lo sé, supongo que depende el gusto. A mí, me agradan los de al pastor, los netas, los que solos o con salsa saben ricos. Doraditos con el tiempo, ¡mejor! Con su grasita intelectual, con su capacidad de asombrarse con las cosas más sencillas, ¡eso sí!, con la honestidad y seguridad de saber lo que apuestan porque saben lo que poseen.

Hace unos días hablaba con mis tías de los chicos, y sí, me gusta la carnita ya sazonada, con sabor propio. Sí, eso tarda y quiero de eso mucho. Ya, sabor definido. Ya, la querencia perpetua, ya, la diversidad en sí mismo, ¡qué maravilla! Si hallas tu taco favorito, ¡ámalo:

domingo, 9 de julio de 2017

Descanso en paz



De todos los géneros, el que menos se me da es la poesía. No es porque la narrativa sea fácil, otros géneros mayores. Para lo único que me identificaron como “pasable” fue para el ensayo, quizá por mi necedad de defender algunas cosas, pero igual por ser flexible para aceptar las derrotas en palabras. Recuerdo haber pasado a la oficina de mi maestro de literatura ante un nada audaz intento de hacer poesía, en aquellos años donde estudié letras españolas (lengua y literatura hispánicas, nombre formal en esos años).  Mi maestro fue sutil para decirlo y a la vez fue una maravilla saber de algún talento.

Mis peleas frecuentes son con los pensamientos, porque leo a los autores pertinentes y me enfrasco (literal) en las otras ideas. Así como se hallan errores, que resulta casi natural en los humanos, agradezco las confrontaciones. Quizá sea esto una capacidad precoz de análisis, sobre todo en uno mismo.

Pero si se parte de la reflexión particular sobre temas generales, cuando entro en reflexión particular sobre temas personales a veces salen cosas parecidas a la poesía. No cualquier ser inspira a la poesía, y leo poesía gracias a quienes me la han acercado y he hallado a seres sobrenaturalmente divinos. Es un trabajo de atar cabos decantando en sentir cosas. Sentir.

La vida cotidiana te da más material para la discusión e incluso para deprimirse, pero la poesía, en unas cuantas líneas (como los haikus) te dan la imagen, te dan eso que no sé todavía cómo digerir pero pasa, pasa con o sin dolor. Es un don de algunos poder expresar el todo, el querer todo en poco.

Mientras hago ejercicio generalmente escucho cuentos, no he podido ser capaz de escuchar poesía porque se requiere de un estado de disposición distinta, una especie de renuncia, de orfandad.
Ante las miles de cosas que vivimos día con día, dejarse solo y escucharla, leerla, es todo un fenómeno. Es justo como el amor. ¿Qué es el amor si no la renuncia, la ausencia? Ese miedo absoluto de dejarse caer (como claro lo tienen en otras lenguas). Es esa especie de humildad de hallar que en este Universo existen fuerzas que sin opresión o violencia, te liberan de la terrible responsabilidad de saber todo. Más si esto conlleva la saludable forma de seguir siendo y reconocer que se sigue siendo sin ser, la maravilla. La conclusión de perderse y perdiéndose saber más, o de quizá, saberse como un ser que mirando a otro se halla de otra manera, porque perderse no implica una derrota, implica extenderse como plantas en época de lluvia.

Cuando sucede, los motivos sobran para hacer lo que se requiere hacer, ¡porque has hallado nuevas fuentes de energía de ti misma y de todo! Y para eso funciona, también, esa fuerza.  

Y sí, eso está bien. No requiere una propiedad específica, creo que es trascendental, y saberse capaz de digerirlo ya es una ganancia inconmensurable. He aquí una virtual y sana diferencia, desde mi punto de vista, puedes lograr crecer en esa perspectiva y alejarte un poco de otras concepciones.
Tanto la poesía como el amor requieren de esa disposición, disposición a planear, cambiar, crecer y mantenerte. 

Un espacio, un tiempo, un silencio. 

Una paz.

jueves, 29 de junio de 2017

El "te todo".

Hoy quiero escribir sobre los ojos luminosos. A veces es complejo hallarlos, pienso en las aulas, que suenan a jaulas pero no, evitemos esa similitud fonética que tiene su peor asociación a lo semántico... No.
Los ojos luminosos se hallan en los seres que viven y están, sí, fuera del teléfono en clases y que se emocionan con lo que les gusta, les atrae, aman. Los ojos luminosos son oscuros o claros, reflejos del foco o en sí mismos de un café azúcar mascabado. Los ojos enamorados.
¿Qué importa la escenografía?, ¿la luz externa?, ¡qué va! Los ojos. ¿Quién no se ha perdido  por unos ojos? Mirar perdidos los ojos implica más, y no es lo trillado del alma en ellos, es la atención. La atención en lo que no se puede verbalizar. La atención en el otro, casi como si la vida dependiera de ello. Lo difícil de sostener la mirada que suele sentirse como un desamparo, la desnudez. Yo admiro esos ojos, mirada segura, incluso segura de la debilidad.
La debilidad encarnada a la muerte segura, la muerte ahí, en el deshollamiento del orgullo, de saberse preparado  a través de encontrarse irremediablemente sin armas. Yo no sé, pero la belleza siendo así, tiene sentido.
Considero que atender estas necesidades a veces pasa de largo, nadie se mira porque pudiera parecer que mirar así a alguien fuera símbolo de absoluta debilidad cuando lo que refleja es el valor hacia el otro. Miren, miren, absorban al otro. Miren y hallen, y no sientan una pena si sienten pena. Propongo perderse en unos ojos.

¡Qué sería de la poesía sin el detenerse! Es como una fotografía, "el instante decisivo" decía Cartier-Bresson, la contemplación al momento. Puede dar un poco de miedo, pienso en la siguiente cadena:

Escuchar-Mirar-Perderse un rato encontrándose-Miedo a la desnudez de confirmar que es un ente-Saberse provocado por átomos-Saber que estás y no estás-La muerte-Los gatos tienen siete vidas-Así, tendríamos millones-Milones de muertes-Contemplar y hallar el sentido y el no sentido-Entender que nos iremos-No perder tiempo-Perderse-Encontrarse-Gozar-Decirlo-Debilidad tranformada en fuerza-La vida.

La nada-El todo-El te todo-El te todo, ojos-.

jueves, 6 de abril de 2017

El estado del arte

No, no estoy hablando de un marco teórico. Hablo del arte, del placer.
¿Cuál, pues, es nuestro placer? No la dopamina secretada en un instante, es la permanencia del gusto por estar. ¿Estar?
Estar, sucumbir a una realidad modificable. Modificable por voluntad, esfuerzo humano.
Humana la habilidad del pensamiento. El trabajo sináptico.
Creencia en las capacidades dionisíacas y apolineas. Creencia sin el dejo de la irracionalidad. Y es que el sueño no es del todo irracional.
El cambio, los nuevos caminos, la valentía de caer y la resiliencia.
¿Qué tenemos si no voluntad? Movere, motivación. Cada flor que después del "norte" sigue su camino para crecer, no el pecado del optimismo que a veces se deja ver. No, aprendo de la naturaleza.
Amigos, amores, almas, entes, somo elementos del universo.
Aprendo a golpes y a caricias.
Decido, quiero, busco, hallo y no encuentro muchas veces pero una aquí sigue intentando.
Después de una racha canija (digamos), sigo respirando.
Nos hemos de ir, nos hemos de perder en la mayoría de los cerebros -que como el mío- pierde memoria. Ya aunque eso pase, algo, mínimo, se ha de quedar.
No esperen de mí la injusticia.
No esperen de mí la falta de reconocimiento (a menos que me hallen sin lentes, que es algo físico pero que no es de corazón). NO.
Aquí heme, aquí.
Mi compromiso es con ellos, conmigo.
Amo.

jueves, 23 de febrero de 2017

La mortalidad avisa la belleza




Instrucciones


  1. Hacerse consciente de la mortalidad.
  2. Amarrar lo sublime.
  3. Sentir las ganas de estar de cualquier manera.
  4. Concienciarse de circunstancias, tiempos, deberes.
  5. Entender que no existe el imperativo de la felicidad.
  6.  La sonrisa no tiene un target definido.
  7. Saber que la creatividad establece el medio en estos terrenos.
  8. Delegar la circunstancia a la voluntad.
  9. Dar vueltas al universo respondiendo al deseo.
  10. (Frótese el alma en esta parte).
  11. Mantenerse atento al sonido.
  12. Sensibilizarse.
  13. Mover planetas.
  14. Amar.
  15. Agradecer.

jueves, 9 de febrero de 2017

Construyendo recuerdos



«Benditos sean los olvidadizos pues superan incluso sus propios errores» Nietzsche

“La fotografía es, ante todo, fuente que incorpora el pasado en el presente, un instrumento de la memoria tan recurrente y atractivo que nos permite recordar todos aquellos fragmentos de la vida y del mundo con la participación de la mirada”.
Susan Sontag


Una de mis principales fuentes de angustia son las fotografías. De repente aparecen imágenes impresas (cuando era lo material la praxis de recolección de momentos familiares agradables) que me colocan como una niña de dos, cuatro o más años. Las primeras fotos son de dos años. Alguna vez tuve una especie de reclamo por no tener de recién nacida, pero comprendí que era la segunda hija, y que cambian las cosas para registro. Tengo fotos de los concursos del kinder, de las escoltas, de las fiestas de cumpleaños. Ahí estoy y sé  que soy yo. La angustia más fuerte es cuando salgo en colectivo, cuando veo a mi abuelita, a todos los desaparecidos. Sé que estuve ahí, posiblemente hay recuerdos que hubiera contenido: no recuerdo. Es como un desapego terrible, una dimensión realmente desconocida dentro de lo terrenal.

Veo una piñata casi destruida y posando al lado. Veo un vestido que recuerdo, eso sí, que me picaba. Veo a mi abuelita al lado, mi walkman y mi perrito de entonces. Mis recuerdos se revisten de sentido si alguien vivo ahora, me nutre aún con su voz y puedo preguntarle de aquella escena. Ellos son quienes me orientan del pasado, de esa participación, sola no puedo. Es un fracaso, porque ni siquiera hablo de edades muy tempranas. Aún recuerdo con exactitud mi caída a los  tres años, recuerdo el hospital y el agua de melón que aún ahora alucino. Recuerdo mi muñequita de Rosita fresita al salir de consulta (tenía tres años, confirmo) y mi pijama de tortugas. Creo que el problema viene después. 

Hay un vacío.

Lo que sí sé es lo que sentía, pero todo es difuso y me atormenta.
Saben quienes me conocen de lo tanto que me quejo de mi mala memoria. De las espirales de pensamiento aisladas (a primera vista) cuando hablo. ¿Cómo es que puedo dar clase? Cada mes cambio de temas de curso porque siempre hay algo que me agrada más y al siguiente curso hago lo mismo, y veo los exámenes pasados y no recuerdo por qué había hecho tales modificaciones.

Los recuerdos

Hay una especie de sentencia de vivir lo presente, y aunque suene una oferta muy ad hoc al mundo, me arrepiento de no guardar imágenes del pasado. También, agradezco no tener tan fantástica memoria para guardar rencor y ahora sé por qué: el rencor deviene de una memoria emocional. Mi mala nemotecnia es también una manera de sobrevivir.

Por fortuna, no he logrado tropezar con las mismas cosas, porque el empirismo tiene, ése sí, un conocimiento muy natural. Mi cabeza sufre por no citar, por no recordar la estrofa perfectamente de aquel poema que me marcó. Sólo sé lo que sentí, no sirvo para hacer una clase magistral porque las asociaciones vienen de muchas fuentes alternativas. Admiro a mis alumnos y a quienes me escuchan de tratar de hilar mis estructuras. ¿Qué dirán de mí? –Ah, te toca Rosuka, se le va la onda-.

La única forma que tengo de engancharme a la realidad es a través del método. Quizá la lógica forzada sea mi salvavidas. Esto, desde otro punto de vista pudiera sonar frío, pero solicito comprensión.

A los 18 años me empezaron a medicar de una manera tan fuerte que apenas la capacidad de pensamiento en eso de la memoria empezó a claudicar. El presente es lo que tengo, y no lo digo como para libro de autoayuda, lo digo porque sé que quizá mañana pregunte si eso había dicho yo. Quince años de clonazepam, tafil, valproato, levetiracetam han mermado. Yo lo sé, he investigado lo suficiente y estoy por buscar a nuevo neurólogo que me ayude con estos vértigos cada vez más profundos e inusitados. Tengo cierta tristeza por ello. Al mismo tiempo, tengo que aprovechar escribiendo porque luego, cuando leo lo de hace un par de meses, no me creo que sea yo. No lo creo.

Después de esa película, esa de Eternal Sunshine of the Spotless Mind, me identifico en la necesidad del rescate, del  derecho de recordar aquello que nos ha hecho felices. De aceptarnos como recuerdos potenciales, y sí, el mismo derecho de ser un recuerdo potencial.

La invitación es a ser una imagen que tenga en la memoria, aún por lo afectada que me ha dejado. Más de una vez he visto exalumnos y pienso en algo que sentía cuando hablaba con ellos. Más de una vez deseo que el recuerdo de un ser se tatúe para siempre. Hay quienes tienen ese espacio de manera directa (la familia, por ejemplo), y hay otros que se guardan en fotografías que me dicen lo que viví. Yo estaba ahí.

Alguna vez vi fotos con algunas parejas que tuve en su momento, por fortuna eran de momentos adecuados, nada desequilibrados. Nadie se toma fotos en crisis. Las fotos son para momentos “memorables”, como dicen.

El estrés y el exceso de presente

¿Qué es si no el tratar de recordar paso por paso algo, sin solucionar nada, el estrés? Aún a sabiendas de esto, uno continúa yéndose a dormir pensando en lo mismo para nada. Es la incapacidad del disfrute del ocio, del tiempo no perdido, si no camino para solucionar. Distracción que alumbra ideas.

La magia de volver a vivir

Me muero de risa de los mismos chistes, mi amargura se limita a lo cínico -al sarcasmo-  pero nunca a la simpleza. Trato de recordar lo bello y vivirlo y sobrevivirlo, porque eso no causa malestar físico. Abrazo a los seres que se dan, que no están nutridos (¿nutridos?) de sus demonios, pero que sí los reconocen y trabajan. 

Miro a mi sobrina que abre sus ojos con las simples cosas del día, con el crecer de la planta, con los animales que reconoce. Eso es magia y es lo único por lo que desería tener un hijo: para descubrir finalmente el principio de todo.

La necesidad del rescate

Exceso de futuro es la ansiedad, dicen. Yo quiero rescatar momentos pasados, como esas tiendas de antigüedades, de objetos-historia. La intensidad de una injusticia hallándole alguna vertiente para trabajar en soluciones. Necesito sensores que me recuerden a cada momento lo importante, quizá como un programa de “recordarás esto”. Hace poco veía mi historial de materias cursadas y supe que todo lo que sé debe venir de ahí. El cerebro se empeña en recordar lo traumático como simple mecanismo de defensa, es comprensible, pero no como modus vivendi si no como modus operandi (cosa que no entiendo de no saludar a quienes han sido parte de tu vida, dios, no hay espacio para rencores).

Alcanzar a ser recuerdo de alguien

Si bajo los términos expuestos uno alcanzara a ser un recuerdo lindo, qué más se podría una colocar como meta, si de algo sirve la existencia. Las palabras, las acciones absurdas, el blanco de los salones de clase, la ida establecida como necesidad de aterrizaje. Nos hemos de ir, y aunque se pueda recriminar las alusiones a la muerte en uno que otro momento del día, es con el objetivo de vivir, ¿qué nos queda? Arriesgarse a ser recuerdo. Seamos de esos recuerdos, seamos.

jueves, 2 de febrero de 2017

El club de los morbosillonistas

Lo tendrán claro los que han visitado Plaza Ánimas (es una invitación).
Los sillones que por cinco pesos o diez  -de acuerdo a las posibilidades financieras- te dan un masaje tipo shiatsu son una trampa. Son una trampa para el club de los morbosillonistas. Hablo de Plaza Ánimas, pero aplica para Américas y análogos.
(Música incidental).

7 segundos.

Mientras tú estás disfrutando de ese masaje, hay entes que se pasean y se detienen enfrente de ti. Miran tus gestos, saben con exactitud los momentos que experimenta cada músculo, cada gramo.
El masaje inicia tierno, de los hombros, la espalda, baja poco a poco. puedes sentir esas bolitas removiendo cada gramo de estrés.

Es una trampa.

El movimiento llega a tu cadera, el sillón aprieta las pantorrillas, y de pronto... Hay una estructura extraña que toca la pelvis, esperen... Más allá de la pelvis, y brota el gesto de la extrañeza. Pareciera que fuese un masaje cuasi erótico. Miren que he probado de esos sillones, pagados y no (en Liverpool hay uno con su hermoso control que sería el sueño de cualquiera, gratis si está conectado). No tengo idea de quiénes hallan formulado el tour, pero es impresionante, así, de "sacarse de onda".

Mientras tú abres más los ojos y sonríes por pena o angustia, hay otros que te miran. Esos que te miran son justo eso, unos "voyeurs". Se comunican a través de grupos cerrados, igual te graban. Se imaginan cientos de cosas. Y no, no es inocente.

A la vez, creo que hay otro club, el de "los solitarios anónimos sillonistas". Quedan en una hora para sentarse y a la manera postmodernista (me temo que es post post) miran disfrutar lo que por cinco pesos se da, sin tener ninguna relación, ningún compromiso mas que el que hay entre un programa de máquina y tú.

Sí, el club de anónimos y de voyeuristas se responden.

Esto nos lleva a algo mucho más profundo de la simple descripción: el disfrute. Siendo exagerada, de los trascendental, del poliamor postfuturista (Rosa, es una tontería, calla, ja). Esperen, ¿pero acaso esas máquinas no son eso?

Yo no sé, pero invito a que lo experimenten de cualquiera de los lados. Hay quienes se sientan sin introducir una sola moneda, porque esperan a que sus familiares compren, pero pongan atención, existen quienes los miran disfrutar. Pongan atención.

La mirada no es inocente.